Un fantasma en mi sofá.

Durante tres semanas he tenido un fantasma en mi casa. Un fantasma de una mujer. La primera vez que lo vi estaba sentado en el sofá viendo en la televisión un canal de videoclips. Era translúcido, como casi todos los fantasmas, tenía el pelo largo, oscuro; y vestía como cualquier chica moderna que se pasea por Malasaña hoy en día. No me sorprendió ver al fantasma allí, meneando la cabeza sin ningún sentido del ritmo mientras escuchaba el último éxito de Radiohead.

Antes de entrar al salón pasé por la cocina a por una cerveza. El reloj que tenía en una de las paredes marcaba las 19.30 y, en su calendario, el 28 de marzo. Abrí el botellín y ya en salón, vi a la mujer. El fantasma meneaba ligeramente la cabeza dando golpecitos contra el suelo con su pie, como si siguiera el ritmo, pero a un compás totalmente diferente al de la canción que sonaba. Al no ser corpóreo, el choque del zapato con el suelo no producía ningún sonido.

Miré la cerveza, asegurándome de que aún no la había empezado y me encogí de hombros. Me senté en el sofá y me puse a ver videoclips. Cuando llegó una canción que conocía, la canturreé bajito, porque no me gusta como canto. El fantasma se giró hacia mí y dio un respingo:

­­–¡Ay! Qué susto – dijo.

Miré hacia atrás por si se había aparecido otro fantasma pero allí no había nada.

–Mujer – respondí volviéndome hacia ella –, más asustado tendría que estar yo.

–¿Por qué? – Sonaba sinceramente despistada.

– Porque hay un fantasma en mi sofá – dije señalando lo evidente.

–¡Oh!

La mujer fantasma se llevó las manos a la boca, avergonzada. Eran unas manos delicadas. Su reacción me hizo pensar que tenía una voz muy dulce. Jamás habría imaginado que un fantasma podía sonar así, estoy más acostumbrado a los de las películas de miedo. Ella se repuso y siguió hablando: Seguir leyendo “Un fantasma en mi sofá.”

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Un fantasma en mi sofá.