N

Un día N se sentó en su banco favorito de su parque preferido. Se sentía triste y se puso a llorar en silencio porque no quería incomodar a nadie. Tardó en darse cuenta de que no importaba si ahogaba su llanto: el parque estaba desierto.

Entonces ocurrió: una hoja de periódico voló caprichosa hasta el banco de enfrente.

Y otra.

Otra más.

Una más.

Y así varias hojas de varios periódicos volaron caprichosas hasta ese banco antes solitario: se juntaron, se arrugaron y se apretujaron formando una figura que N adivinó humana.

N se levantó para examinar la forma de papel que había surgido ante ella. No se atrevía a acercarse demasiado. Sentada en su banco, la multitud de hojas de periódico tenía un aire a lo James Joyce con gafas, sombrero y la cara algo alargada. James leía un libro, formado también por varias piezas de papel.

La lectura relajada de Joyce enterneció (aún más) a N.

Perdió la timidez, se secó las lágrimas y abrazó al tumulto de papel que, entre sus manos, se desvaneció, quedando tan solo una hoja.

Era un periódico del día anterior.

James Joyce

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N

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